Tuesday 3 november 2009
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Dicen que los animales no tienen alma. Tal vez sea
verdad que sólo los humanos tenemos la patente. De cualquier manera, el alma, requiere ejercicio para su desarrollo, de lo contrario la existencia se torna presuntuosa, vacía...A mí me gusta la
sinceridad de mi cabra Isabella, con su lucerillo blanco entre los cuernos. Es mala. Muy mala...¡demonio de cabra!..Cuando no quiere entrar en el redíl, se revuelve contra mí, me propina
trompicones, asienta sus afilados cuernos en mi muslo y aprieta con soberbia, se levanta de manos y tengo que atrapar su cabeza en el aire para que no me haga daño...-¡Venga Isabella, entra ya!
La sujeto por el cuello y la conduzco hasta la puerta, por donde al fin entra resignada y moviendo la cola con rápida intermitencia...luego me dedica un berrido agudo y leve de disconformidad. Si
la quiero acariciar no se deja, pero si quiero que me deje tranquilo no se va de mi lado; me muerde el bolsillo, se refriega contra mis piernas, quiere comerse mi bocadillo...Isabella es eso, una
cabra, y yo se que es una cabra, los dos nos queremos cada uno en su especie, porque ella sabe, también, que yo no soy de la suya...Tan pesada, testaruda y loca. Buscando siempre comerse lo que
yo no quiero que se coma: albaranes, facturas, libretas...-¡No ves que si esto pudiera comerse, ya me lo habría comido yo antes!...Pero esté donde esté, a mi lado corre cuando presiente un
peligro, y a mí se pega, como si yo fuera su padre...o su dios, y de allí no se mueve, sabe que la protejo y no le cabe en su cabeza primaria que pueda abandonarla cuando me necesita. Me mira
queda, y mira las ramas de la encina, y si no le echo cuenta me topa con enojo, le extiendo con la mano unas bellotas y se le acaban los enfados...nos entendemos y vamos tirando. En mi casa todos
queremos a Isabella...y si no tiene alma, pues que Dios nos perdone.(Casiano Cerrillo Domínguez)
Por Zalacaín
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