Friday 16 september 2011 5 16 /09 /Set /2011 14:12

 No es ningún secreto, salvo para quién no quiera verlo, que la muerte de la socialdemocracia en el seno del PSOE –ideológicamente- se corroboró en España durante el felipismo por ejercicio político, y antes tras los sucesivos congresos de Toulouse y el último de la clandestinidad, en Suresnes (1976) por abandono ideológico de la élite y la derrota interna  de sus cuadros medios, con el objeto de preparar al partido en su ambición de acceder al ejercicio del poder con las exigencias del capitalismo de la época y que se concretarían en los Pactos de la Moncloa,  versus gobernar: -“¡tenemos que ser socialistas antes que marxistas!” (Felipe González)-.

 

Pero sólo recientemente, tras la aprobación de la reforma de la ley constitucional art. 135, no se ha celebrado su definitivo entierro, marcando para el PSOE una nueva etapa, en el marco, que ya venía ofreciendo, de  sumisión a las doctrinas neoliberales que hegemonizaban y siguen hegemonizando en la Europa “veloz”: los mandatos de Alemania, Francia e Inglaterra (este último siempre en franca alianza con los EEUU). Nunca se habló en realidad  de una Unión Europa de los pueblos, siempre fue la Europa de los Monopolios lo que se quería construir.

 

El PSOE   había entrado de lleno en la entropía del pensamiento y la política eurocéntrica en los ochenta –la frase de Felipe González se veló en el paño de la realidad en: tenemos que ser europeístas antes que socialistas- de los oligarcas de los monopolios, los mercados y las exigencias de la floreciente industria de la comunicación  que  transversalmente, como en la actualidad, se introducían en  los gobiernos europeos (ya hace tiempo que mandan los mercados en la política).

 

Tras esta nueva etapa queda más que confirmada  su condición  de alternativa  neoliberal, frente a su oponente liberal el PP, quien ha aplaudido clamorosamente la nueva ley, pero la novedad es que ya no tiene tapujos ni máscaras a la hora de dejárselo claro a la clase dominada  y  a los grupos sociales que lo han respaldado siempre.

 

Todo el acrónimo de su sigla se ha convertido en una nueva nostalgia de la historia, y le da paso a un contra-discurso que se abrirá camino desde distintas posiciones, siempre confrontadas, pero  se vislumbrarán aspirantes a un mayor espacio parlamentario por la izquierda, si saben aprovecharlo (IU), una gran solidez y hegemonía política por la derecha (PP)-éstos sí saben-  y una consolidación de los nacionalismos liberales (PNV-CIU) en el atril del parlamento, aunque como ya viene siendo habitual seguirá ganando la abstención.  

 

Hecho nuevamente el trabajo sucio en tiempos de crisis, ahora viene el legítimo representante del capitalismo más agresivo (PP) para ofertar al pueblo llano trabajo, y a los expectantes inversores  un blandísimo mercado laboral; y los bancos, como por arte de magia, comenzarán a abrir sus puertas. Que esto sea un pronóstico acertado o no, sólo será cuestión de esperar a que llegue el día de las próximas Elecciones Generales y que lo verifiquen  las urnas.

 

No obstante, poca o ninguna importancia tiene el asunto, desde una perspectiva seria, ni siquiera desde una visión optimista y “esperanzadora” propia en  la ingenuidad  del pueblo llano, de que volviesen a ganar las elecciones. Y es que J.L. Rodríguez Zapatero ha hecho los deberes “recomendados” por la supranacionalidad eurocéntrica y –digámoslo ya- etnocéntrica encarnada en la persona de la señora Angela Merkel. Ahora el  señor Rubalcaba, heredaría ,caso de ganar, el “milagro constitucional”, con lo cual no podría hacerle guiños a los “descamisados”, y  tampoco al 15M, porque tendría que seguir derivando la plusvalía hacia los ministerios coercitivos -el ejército para la implicación en la “democratización” de Siria, Egipto o Libia (ampliación de  mercados y adquisición  de energía fósil, más inversiones en guerra), y hacia el ministerio del interior (las fuerzas del orden para sofocar los inevitables movimientos de protesta social que se avecinan y que afloran desde las  contradicciones y los abusos, se mutila en el interior de Europa lo que se “desea” implantar fuera)- en detrimento de las necesidades sociales del pueblo trabajador (educación, sanidad y trabajo).

 

Con lo cual el resultado electoral tanto da que da lo mismo. En terminología rasera: seguirán mandando los de siempre (los mercados) y seguirán sufriendo los de siempre (los trabajadores). Continuaremos viendo  el desplome de lo que aún queda en pie de la  “economía del bienestar”, cual efecto dominó. Nos pareceremos, sin duda, a los EE.UU, pero no en el aspecto de su desarrollismo elitista, sino en la penumbrosa imagen de los barrios periféricos de sus “emblemáticas” metrópolis, a los que ya nos venimos  pareciendo, aunque con algo  menos de intensidad marginal.

 

A pesar de todo, una buena parte de personas pensantes  –esto no abunda, por desgracia- consideran  que esta crisis es fruto de una burbuja explotada o un periodo de recesión en la naturaleza cíclica del productivismo propio del “último” capitalismo (Ilich Ulianov lo denominó imperialismo, pero ahora el término no está de moda, ni Ilich tampoco). Otros  la atribuyen al devenir de un ciclo confluyente donde todas las paradojas deben reconciliarse y “globalizan”, el auspicio de un inminente cambio, una revolución con la ayuda de los elementos naturales y el retorno de Dios al alma de los hombres; es el postmoderno hombre “nuevo” de la revolución interior, como la única posible y que cambiará la sociedad con su mente y su conducta,  la muerte de Prometeo y la venida de Dionisos, el fin de las ideologías y de la historia misma.

 

Las ideas de emancipación se antojan en la actualidad como ilusas utopías. La caída del muro de Berlín debe significar la derrota definitiva de cualquier intentona que desafíe, aún desde las ideas, el comienzo de cualquier alternativa colectiva contra el orden establecido, puesto que el hombre colectivo  no consigue elevarse por encima de sus miserias.

 

Con esta visión se han vuelto a poner de moda Nietzschen, Freud y por ende Narciso, lo micro frente a lo macro, el nominalismo frente a los universales, el pequeño relato frente a los grandes relatos, la experiencia personal frente a las experiencias de las luchas de clases y en el centro de todo esto; la ilusa visión de un hombre indiferenciado –ni explotador, ni explotado-  que debe auto realizarse o vegetar y que puede superarlo todo si se lo propone. Mientras que simultáneamente, los avances técnicos comerciales se ponen rápidamente al alcance de cualquier joven en el mundo desarrollado, para que fabrique su “maravilloso” mundo virtual e interactúe felizmente con sus “amigos” en círculos armoniosos e inofensivos.

 

Ante tal panorama, no es deductivo atribuirle a la crisis un carácter de recesión, más bien tiene la connotación de una provocación para ampliar los mercados, y obedece a una estrategia de las oligarquías dominantes en el mejor momento histórico –el nuevo orden-, es decir,  no es una crisis de recesión, sino de momento expansivo del capital, que tiene   mayor duración estratégica, sobre todo en las periferias (Grecia, Portugal y España; la Europa lenta), para reorganizar los mercados internacionales en la fase consumista actual, de alienación y  desestructuración de los movimientos y organizaciones populares en el interior de Occidente, sobre y frente a la magnitud que está tomando la incorporación de Rusia, China e India en su desarrollo –nuevas contradicciones interimperialistas-. Otras cosas suelen ser más bien epifenómenos derivados de la coyuntura histórica, no poco importantes, pero tampoco  tan vinculantes como parecen.

 

No será, por tanto, el fin de las ideologías, menos aún de la historia, ni siquiera de los sectarismos; aunque haya quien tema a las profecías mayas y otros apocalipsis pronósticados. El hombre está destinado a ser el responsable de su propio devenir, a seguir configurando sus colectividades y su progreso, superando o sin superar las contradicciones derivadas de sus relaciones económicas, sociales y culturales así como su relación con el medio natural. Su realización personal tendrá el límite real, no simbólico ni representativo, que le impongan las relaciones de dominio y explotación de las sociedades actuales hasta que no sean superadas, de la misma forma que ha venido ocurriendo a lo largo de la historia.

 

Dicho de otro modo, la realización individual –cosa oportuna y buena, sin duda- se ve limitada  por la realidad social en la que vive, de tal modo que la realización personal integral, en la actualidad, sólo es posible en los imaginarios y en la mente y no precisamente de modo tan  significativo como nos parece a nosotros. ¿Cómo puede realizarse un parado, un mileurista padre de familia, un pensionista que fue peón, una madre soltera en paro, un desahuciado, un emigrado eventual …desde que sale por la puerta de su casa (si aún la conserva) e interactúa con la realidad exterior?

 

 La tentativa de inmiscuir lo “divino”  en nuestros a debacles no parece muy oportuna, máxime cuando, desde una visión antropológica, los hemos elaborado nosotros mismos sin  permiso de ningún Dios; y por supuesto, no tienen los mismos grados de responsabilidad un avaricioso oligarca de la época que un trabajador a salario, por mucho absentismo laboral, que en los últimos tiempos se le quiera atribuir al segundo para incluirlo en la “responsabilidad indiferenciada” de la “crisis”.

 

Por otra parte, el planeta puede seguir viviendo perfectamente sin el hombre, lo primeros homínidos aparecieron hace unos cuatro millones de años, el planeta tiene más de cuatro mil quinientos millones,  aunque haya quien sólo quiera entender el sentido de la vida en la Tierra sólo por la presencia humana.  Así es que, si realmente queremos inducir cambios honestos, deberíamos comenzar por destronar, también honestamente, el antropocentrismo de nuestras mentes e intentar ver la realidad tal y como se presenta en cada momento histórico, esto supone introducir algo más de humildad en los mapas cognitivos de nuestras mentes.

 

Vivir el presente es no anclarse en el pasado, pero tampoco suponer que no tenemos una historia que contar, analizar y superar sin sentirnos esclavos del tiempo y los fundamentalismos, derivados de las distintas interpretaciones doctrinales y  dogmáticas hechas y ejecutadas  por ciertos personajes de gran carisma. Debemos también recordar que lo que dejemos será para nuestros hijos y nuestros nietos –el futuro y  el compromiso inter-generacional- Es mucho más constructivo ver tanto el  hecho como el  proceso.

 

El hecho principal, es que el tándem productivismo-consumismo tiene que ser mantenido a toda costa y ante todas las adversidades cueste lo que cueste –es la determinación del liberalismo y el neoliberalismo-. El proceso, es que no está quedando tan claro que los pueblos  estén dispuestos a aceptar estas políticas sin ofrecer resistencia,  las repercusiones  se tornan inaceptables y crueles para amplias mayorías en todos los países del mundo.  No sólo existe Europa.

Por Zalacaín - Comunidad: Refleccionemos
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